La transición ha sido abrupta y desconcertante. La campaña anterior fue casi perfecta, con récords, números que rivalizaron con los mejores equipos dirigidos por Gallardo, un juego convincente y una ventaja significativa en puntos sobre sus competidores. Sin embargo, en el lapso de menos de dos meses, River ha caído de manera inesperada, llegando al punto más bajo en el partido del sábado en Liniers.
¿Cómo se puede explicar este cambio tan drástico? Esta es la incógnita que el entrenador Martín Demichelis tendrá que abordar, junto con una revisión crítica de sus decisiones en la conformación del equipo. En el estadio Amalfitani, River perdió mucho más que tres puntos. Perdió su estilo de juego, su identidad y su capacidad para llevar a cabo las estrategias que le llevaron al título recientemente. También perdió en términos de concentración y actitud, destacándose la diferencia en este aspecto en comparación con un Vélez que luchaba por evitar el descenso y que mostró un espíritu de lucha notable.
Este último punto es especialmente preocupante para el entrenador, ya que el once inicial que diseñó se alejó mucho de las bases del equipo que dominó la última liga. Además, más allá de la táctica, es esencial que el equipo de River deje atrás definitivamente el golpe sufrido en el Beira-Rio y reconozca la importancia de la Copa de la Liga. Compartir la Zona A con equipos en aprietos en la tabla de descenso significa que River debe dejar atrás la nostalgia y centrarse en el presente y el futuro.
La actuación pobre del equipo fuera del Monumental también es un desafío que debe abordarse. ¿Cómo cortar esta tendencia negativa? ¿Cómo puede River adoptar una mentalidad competitiva cuando juega como visitante?
Demichelis enfrenta el desafío de revitalizar a su equipo, tener conversaciones francas y directas con sus jugadores, y prepararlos para la competencia internacional en 2024. Los cambios en el esquema y en la alineación pueden resultar arriesgados en este contexto, y es esencial encontrar un equilibrio para volver al camino del éxito.
De campeones a un River en crisis, solo han pasado 50 días. Las preguntas sobre lo que sucedió y lo que vendrá a continuación se acumulan y desafían al entrenador y al equipo a encontrar respuestas sólidas.
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