Creció con la camiseta puesta, literalmente: la ropa del club es su ropa de todos los días. Y cuando por fin llegó el momento de pisar la cancha con el plantel superior, todo ese recorrido —de chico pateando solo en la cancha vacía, de las giras, de los partidos que se piensan toda la semana— se le vino encima en un instante.

Hablamos con él, y también con sus papás, Gustavo y Natalia, para reconstruir ese camino en un mano a mano que terminó siendo, sobre todo, una historia de disciplina y de amor por este deporte.

La foto del debut en primera!!!

El debut

—¿Cómo la vivís, el debut en primera?

—Una locura, la verdad —dice León—. Es algo que soñás desde chico y cuando pasa te das cuenta de que fue toda una vida de laburo la que te trajo hasta ahí. Herradura para mí es todo, estoy todos los días con la ropa del club puesta. Me encanta ir temprano a patear o quedarme un rato más después del entrenamiento. Siempre fue todo. Si hay partido, me paso la semana entera pensando en eso, concentrado, para poder jugar al máximo.

 

Los primeros pasos: de la pileta a la ovalada

La historia de León con el deporte no empezó en Herradura, sino mucho antes y mucho más lejos. Su mamá, Natalia, la recuerda con precisión de fecha:

—A los 4 años empezó con natación infantil y al mismo tiempo hacía iniciación al deporte, ahí conoció un poquito de todo. Y a los 5 ya empezó con el rugby, en Delta Rugby Club, allá en Tigre. Ahí se empezó a involucrar más con la ovalada. Siempre le gustaron todos los deportes de chiquito; inclusive recuerdo que a los siete años nos pedía que le pusiéramos partidos de Los Pumas en la compu para analizar los movimientos de los jugadores en la cancha.

Sus primeros pasos en Delta Rugby en Tigre

Esa curiosidad temprana, dice Natalia, nunca se apagó:

—Siempre fue muy comprometido con los entrenamientos, nunca quería faltar. Estuvimos dos años en Delta, hicimos algunas giras a Azul y a Mar del Plata, y después nos vinimos a vivir a Merlo. Ya antes de mudarnos habíamos averiguado con el club de rugby de acá, así que apenas nos instalamos, en el verano, cuando empezaron las actividades, ya arrancó en Herradura.

Primeros partidos con Herradura

El propio León confirma esa etapa con la liviandad de quien todavía jugaba sin pensar en nada más que divertirse:

—De chico me acuerdo la gira a San Juan, un partido en Córdoba, otro en San Luis… eran pura diversión. Uno de chico juega y disfruta, nada más. Aunque la verdad, siempre fui muy competitivo igual.

De familia rugbística

El rugby, en la casa de los Albornoz, viene de antes. Gustavo, el papá de León, también jugó:

—Mi comienzo fue de adolescente, en Regatas de Bella vista. Ahí estuve como dos años y después me fui al PINAC, al San Francisco Solano, en Hurlingham. Después, por cuestiones de trabajo, dejé. Habrán sido unos cinco o seis años el tema del rugby mío. Después retomé acá en Herradura de nuevo.

Y recuerda cómo fue que sus hijos encontraron el deporte cuando la familia se mudó a Tigre:

—Cuando nos mudamos había que buscarles un deporte, y fuimos incursionando por todos lados. Fuimos al polideportivo municipal, donde hizo natación León, y los chicos en realidad, de Nazaret a Máximo. Y bueno, por una cosa u otra, terminó siendo el rugby.

La disciplina detrás del jugador

Si hay una palabra que se repite cuando se habla de León, es «compromiso». Natalia lo describe con el detalle de quien lo vio construirse entrenamiento a entrenamiento:

—En casa, en el patio trasero, se prepara los conitos y muchas veces, con su hermano Máximo o solo, se pone a entrenar: tira la pelota para arriba, la agarra, corre, va, viene. Es muy disciplinado con el entrenamiento, no le gusta faltar. Ahora, ya más grande, va al gimnasio para ganar fuerza y cuerpo. Y es muy disciplinado también con la alimentación: él se prepara la comida, trata de no comer frito, no toma gaseosa, no toma alcohol. Se cuida muchísimo para estar saludable, porque su mirada está puesta en poder dedicarse al deporte en algún momento. Es su sueño, y todo lo que hace, lo hace para eso.

Esa perseverancia tuvo, además, un episodio que su mamá recuerda con particular orgullo:

—Cuando empezó la parte de Juveniles, estaba la posibilidad de que lo llamaran al seleccionado. A él ya le habían avisado que había quedado, pero él todavía no lo sabía, y aun así todas las tardes me pedía que lo ayudara a practicar pases de izquierda porque le costaba. Me decía: «hay muchos chicos que son muy buenos, así que tengo que perfeccionarme para poder entrar». Ese es León: cuando algo no le sale, insiste hasta lograrlo.

Ese camino de trabajo tuvo también reconocimientos concretos: fue elegido joven promesa y mejor jugador en Merlo, integró el seleccionado para los Evita, y fue convocado tres veces al Select 12, con giras a La Rioja, La Pampa y Formosa. En esta última fue el «tryman» del partido, y en La Pampa, por decisión de los propios entrenadores, fue elegido mejor jugador del encuentro.

De jugar por jugar a llevar el brazalete

El salto a Juveniles también trajo otra mirada del juego, la de la responsabilidad de ser capitán.

—En Juveniles lo viví con más responsabilidad —cuenta León—. Al ser capitán y el más grande, tenés que dar una buena imagen, ser ejemplo para los más chicos. Pero igual lo disfruté a full, eh. No dejó de ser lindo por eso, al contrario.

Natalia coincide, y agrega una mirada que va más allá de la cancha:

—Lo eligieron capitán del equipo, y también está comprometido con esa parte. Trata de acompañar a los chicos más nuevos, incentivarlos y ayudarlos a que desarrollen sus potencialidades.

 

Los referentes

Todo jugador se construye mirando a alguien. León no duda a la hora de nombrar a los suyos.

—Tengo referentes bien cerca. El Chino Mazzini, Lean Milanovich… y mi viejo, Gustavo Albornoz. A ellos los tengo re presentes.

Y cuando la charla se corre hacia Los Pumas, se le nota el brillo en los ojos:

—Albornoz, Matera… con Matera tuve la suerte de hablar en un Zoom y me encantó cómo habla, y ni hablar de cómo juega. Y Kremer es un animal, tiene muchos huevos. Esos son jugadores que uno mira y dice «quiero llegar a eso».

La mirada de los que lo conocen de cerca

La cancha también tiene testigos, y sus palabras completan el retrato. Lucas Onorato, hooker que juega hace cuatro años y medio en el club —hoy afuera por una lesión que lo dejó afuera desde mitad de año—, lo describe sin rodeos:

—León es nuestro capi, es muy buen jugador, súper compañero, la pasamos muy bien. Tengo las mejores experiencias porque gracias a él pude hacer mis primeros trys.

Juan Pablo Mazzini, su entrenador, pone el foco en algo que ya se venía repitiendo en cada testimonio: la capacidad de León para no resignarse cuando algo no le sale.

—León es un gran jugador, con la capacidad y la resiliencia de siempre esforzarse para seguir mejorando. Si algo le sale mal, siempre trata de corregir. Tiene una mentalidad ganadora y de esfuerzo. Siempre es un gusto verlo jugar.

El sueño

La conversación se pone seria por un momento, cuando le preguntamos por el futuro.

—Sueño con jugar profesionalmente. La idea es irme a Córdoba y en cuatro años poder sumar experiencia y rodaje, ir creciendo de a poco. Sé que es un camino largo, pero para eso se trabaja.

Un sueño que, además, este año se cruza con otro desafío: León termina el secundario y debe presentar un trabajo final anual, una especie de tesis. Eligió como tema al rugby, y ya está investigando su historia y sus alcances sociales.

La familia, la base de todo

Detrás de cada jugador hay una historia familiar, y la de León está tejida de rugby y de acompañamiento.

—Mi familia es todo —dice León—. Mi hermana Nazaret, mi vieja Natalia, mi hermano Máximo, mi viejo Gustavo, mi abuelo Julio y mi abuela Cecilia. Ellos están siempre, en cada partido, en cada gira, bancándome desde antes de que yo supiera lo que quería.

Natalia cierra con una reflexión que resume, tal vez mejor que ninguna otra, quién es su hijo:

—Como madre, obviamente estoy orgullosa, pero trato de ser objetiva en esto: más allá de las capacidades o las condiciones que él pueda tener, lo que yo reconozco de León es que se esfuerza muchísimo para lograr las cosas. La alimentación, el compromiso, la perseverancia… cuando algo no le sale, como el pase de izquierda, insiste hasta conseguirlo. Es muy comprometido con todo lo que hace.

León Albornoz tiene el debut recién estrenado y ya habla con la cabeza puesta en lo que viene. Entre el recuerdo de las giras de chico, los conitos armados en el patio de su casa, el peso lindo de haber sido capitán, los referentes que admira y una familia que lo sostiene desde el primer entrenamiento en Tigre hasta hoy, hay un jugador que entendió temprano algo simple: se puede ser competitivo y disfrutar al mismo tiempo, se puede soñar en grande sin dejar de tener los pies en la cancha de Herradura, la que lo vio crecer.