Su velocidad descontrolada hizo que chocara de forma tan brusca que estuvo al borde de la destrucción total. Sin embargo, el milagro ocurrió y River sigue con vida en la Copa Libertadores, aferrándose más a la fe y a las posibilidades matemáticas que a las razones futbolísticas.

En un encuentro en el que River debía demostrar carácter y temple para imponerse en el juego y aprovechar su superioridad frente a Sporting Cristal, ocurrió todo lo contrario. El equipo se expuso a una lotería y estuvo a punto de perderlo todo debido a un error del jugador con mayor garantía. La desafortunada jugada de Armani que permitió el gol del Cristal no puede ser considerada simplemente un blooper. Fue una fatalidad con sabor a desgracia. El arquero que tantas veces se vistió de superhéroe se convirtió repentinamente en villano, como si el hecho de lucir un buzo negro hubiera sido un presagio.

El campeón del mundo con la Selección en Qatar, quien ostenta varios récords históricos, cometió un error propio de un amateur que puso en peligro el avance de River a los octavos de final. Algo similar sucedió con Borja en el penal que pudo haber revivido al equipo de inmediato. El colombiano, quien había anotado el gol agónico en el superclásico con admirable serenidad, se nubló en el momento menos oportuno e intentó romper el arco de Solís, quien adivinó su intención y evitó el empate.

River jugó con sangre caliente y una mente en ebullición de principio a fin. Sin rumbo claro, ansioso, acelerado e impreciso. Aunque impuso condiciones al inicio del encuentro, la obligación de ganar (agravada por la victoria de The Strongest ante Fluminense) llevó al equipo a confundir, voluntariamente, intensidad con caos. Esto le restó serenidad, lucidez, concentración y claridad, tanto técnica como mental, en los momentos decisivos del partido.

Ya se notaba desde la temprana amonestación a Enzo Pérez en el minuto 4, la prisa de Barco por disparar un bombazo que se estrelló en el travesaño en lugar de colocar el balón a un costado del arquero Solís, o cuando Nacho Fernández se encontró solo frente al portero y no supo si asistir a Beltrán o intentar el remate.

Este nerviosismo también se evidenció en la defensa, reflejado en los despejes demasiado lejos de Rojas, en ciertas desatenciones de Casco, en el blooper de Paulo Díaz al enviar el balón al córner pensando que el árbitro había sancionado una falta previa sobre Brenner, y en el increíble pase al centro que hizo el propio lateral y el increíble lateral hacia el medio en el que el mismo lateral le regaló la pelota a Hohberg.

Afortunadamente para Demichelis, el soporte cerebral, físico y técnico de Aliendro le terminó dando a su equipo el premio de mantenerse en carrera. Aunque ahora tiene la obligación de ganarle a Fluminense y a The Strongest, quedó en la cornisa y ya no puede volver a fallar en la Copa. Quedó tan vulnerable como el Cristal. Y en el día de su cumple, River quedó condenado a prender velas…

Fotos: Diario Olé