Hay horas de entrenamiento, viajes, dudas, lesiones, sacrificios, familias que acompañan, compañeras que se convierten en amigas y, sobre todo, muchas ganas de seguir.
Lara Jazmín Ferreyra y Sigrid lo saben bien. Las dos fueron parte del seleccionado Sub 16 que representó a San Luis en el campeonato y, aunque sus historias dentro del hockey tienen recorridos diferentes, comparten algo fundamental: las dos entienden que llegar hasta ahí fue el resultado de un camino construido día a día.
Lara tiene 14 años, es de Villa Elena, Cortaderas, y desde chica tiene una gran pasión por los caballos. En el hockey encontró mucho más que un deporte: encontró un lugar para hacer amistades, superarse y descubrir una faceta competitiva que también forma parte de ella.

Sigrid, por su parte, recuerda a aquella nena que comenzó a jugar en canchas de tierra sin imaginar que algún día iba a representar a su provincia. Lo que empezó como un pasatiempo terminó convirtiéndose en una parte central de su vida, llevándola a conocer lugares, personas y experiencias que hoy forman parte de su historia.
Para las dos, el hockey también fue una escuela.
Lara aprendió a no bajar los brazos y a buscar siempre una revancha. Sigrid habla de perseverancia, de seguir intentando aunque las cosas no salgan como espera y de aprender a manejar los nervios, los pensamientos y las frustraciones.
Porque el camino no siempre fue sencillo.
Lara reconoce que hubo momentos en los que dudó de sí misma. Uno de los cambios más importantes llegó cuando decidió dejar el club de su pueblo para incorporarse a Alerces, sin conocer a nadie. Lo que podía haber sido un enorme desafío terminó convirtiéndose en una experiencia que le permitió encontrar una nueva familia dentro del deporte.
Sigrid también tuvo que atravesar momentos difíciles. Una lesión la dejó afuera de algunos partidos y tuvo que realizar rehabilitación. Incluso llegó a una convocatoria sin estar completamente recuperada y con el miedo de volver a lesionarse. En esos momentos entendió que la cabeza también es parte del juego y que el apoyo de quienes están afuera puede ser fundamental.

Y justamente el acompañamiento aparece como un punto en común.
Para Lara, sus papás son las personas más importantes en este recorrido. Son quienes la acompañan a donde sea que vaya y están presentes en cada paso de su carrera.
Para Sigrid, la familia y los amigos también ocupan un lugar enorme. Le gusta saber que las personas que quiere están ahí, que van a verla jugar, que la alientan y que comparten con ella cada experiencia.

Llegar a formar parte del seleccionado significó mucho para ambas.
Para Lara fue un orgullo enorme representar a San Luis por cuarta vez consecutiva. Lo vivió como una recompensa por todo el esfuerzo realizado, pero también como el comienzo de un nuevo camino lleno de aprendizajes.
Para Sigrid, este campeonato tenía además un significado especial: era su último Sub 16. Por eso eligió vivirlo intentando disfrutar cada momento, desde los partidos hasta el viaje y la convivencia con jugadoras de otros lugares.
El comienzo del torneo no fue el esperado.
Después de un viernes con dos partidos exigentes y sin victorias, el equipo tuvo que recomponerse rápidamente. Había bronca y un poco de bajón, especialmente porque sentían que podían haber conseguido mejores resultados. Pero también estaba la certeza de que todavía quedaba mucho por jugar.
Y apareció Chile.
El partido tenía un condimento especial: estaba en juego la permanencia en la categoría. Lara recuerda que, cuando supieron que iban a enfrentarlas, apareció una frase que refleja el espíritu con el que encararon ese encuentro:
“Chile no clasifica ni a un mundial”.
Más allá de la frase, había algo claro: confiaban en que podían ganar.
Sigrid recuerda ese partido desde otro lugar: había que mantener la cabeza fría, descansar después de una jornada agotadora y entrar concentradas sabiendo que tenían que ganar. Incluso el frío y las condiciones de la cancha no fueron excusas.
Y ganaron.
Para Lara, esa victoria cambió la actitud del equipo. Haber logrado que Chile descendiera les dio la confianza necesaria para pensar que todavía podían ir por más y buscar el quinto puesto.
Para Sigrid, uno de los recuerdos más fuertes de ese partido quedó asociado a un gol. Un gol que significó alivio, alegría, emoción y orgullo después de un día difícil.
Pero ninguna de las dos entiende los logros desde un lugar individual.
Lara dice que el campeonato le enseñó que no todo depende de una sola persona. Que hay que confiar en las compañeras, compartir los nervios antes de entrar a la cancha y entender que cada una tiene un papel dentro del equipo.
Sigrid piensa algo parecido. Incluso cuando habla de sus goles, insiste en que no son solamente de quien termina definiendo. Detrás de cada gol hubo una jugada preparada y varias compañeras que participaron para que esa pelota pudiera terminar adentro.
Porque en el hockey, como en tantos otros aspectos de la vida, nadie llega demasiado lejos completamente sola.
El seleccionado terminó en el quinto puesto. Un resultado que para ellas tiene diferentes lecturas, pero que ambas saben valorar.
Sigrid siente que esa posición no refleja completamente lo que hicieron dentro de la cancha: el orden, la intensidad, todo lo que corrieron y cada bocha que pelearon. Sentían que podían estar más arriba.
Pero también reconoce algo importante: nunca habían terminado tan arriba en una tabla.
Lara, en cambio, se queda con otra enseñanza: todo el esfuerzo realizado valió la pena.
Y quizás ahí esté la verdadera medida de este campeonato.
En todo aquello que no aparece en el resultado final.
En las horas de entrenamiento. En los viajes. En las dudas. En aprender a convivir con los nervios. En las familias que acompañan. En las nuevas amistades. En aprender a confiar en una compañera. En caerse y volver a buscar la revancha.
También en descubrir hasta dónde puede llegar una misma.
Sigrid cuenta que este seleccionado la llevó a un nivel de exigencia que nunca había experimentado. Una exigencia que la hizo correr más, esforzarse más y descubrir que podía dar mucho más de lo que creía.
Lara se lleva valores, amistades y disciplina.
Las dos se llevan aprendizajes.
Y las dos se llevan, también, un sueño hacia adelante.
Mientras Lara imagina algún día irse a jugar a un club de Buenos Aires, Sigrid mira hacia atrás y piensa en todo lo que consiguió aquella nena que un día llegó a su primer entrenamiento con la ropa del colegio, una sonrisa enorme y sin imaginar todo lo que el hockey iba a significar en su vida.
Dos historias diferentes.
Una misma camiseta.
Y un mismo mensaje: el resultado de un campeonato dura lo que dura una tabla de posiciones; todo lo que se aprende en el camino queda para siempre.