La presión, los números y una estructura que confía: así se gesta un posible regreso a la F1 con Alpine que tiene más peso emocional que político.

El automovilismo tiene sus rituales, y algunos destinos parecen escritos con tinta de destino. Para Franco Colapinto, ese sitio es Imola. Y no es casual que el nombre del argentino resuene como posible reemplazo de Jack Doohan justo en ese circuito: no solo lo conoce, lo domina. Un año atrás allí celebraba una victoria inolvidable en la Fórmula 2; ahora, podría ser el lugar donde su carrera en la Fórmula 1 tome un nuevo impulso, esta vez con Alpine.

Colapinto, de 21 años, ya no es solo una promesa. Es una realidad latente. En 2024, se ganó una butaca en la Máxima gracias a la confianza de Williams, sumó puntos en solo su segunda carrera (octavo en Bakú) y dejó su firma en Austin. Con apenas 451 kilómetros de experiencia antes de su debut, su rendimiento fue tan sólido que, si se lo compara con los rookies de 2025, sale airoso frente a todos, salvo Antonelli, que compite con el imbatible Mercedes.

¿Es suficiente para convencer a Alpine? Para Flavio Briatore, sí. El asesor ejecutivo de la escudería francesa no solo presionó en las oficinas de Renault, también movió fichas para asegurar los derechos del pilarense por cinco años, tras un acuerdo millonario con Williams. ¿La idea? Que Franco debute cuanto antes. Y si no es en Miami, será en el histórico trazado de Enzo e Dino Ferrari, donde ya dejó huella.

El propio Rubén «Tano» Salerno, ex piloto y amigo íntimo del padre de Franco, deslizó en el programa Mesa de Campeones que Imola podría ser el escenario elegido. «Para mí, va a ser ahí», tiró, convencido. Y no le falta lógica: en lugar de un trazado urbano como el de Miami, lleno de incertidumbres y muros cercanos, Imola ofrece un entorno más técnico, donde Franco ya demostró temple y talento.

La situación interna también juega a su favor. Doohan, el actual titular, no ha sumado puntos y ha protagonizado accidentes costosos, como el de Japón, que le costó a Alpine 1,7 millones de dólares. En contraste, Colapinto no solo se destacó en pista sino también en los simuladores y tests privados, donde superó al estonio Paul Aron, otro piloto de reserva.

Franco tiene a su favor más que talento: cuenta con el respaldo de una estructura, sponsors potentes —como la petrolera estatal y una reconocida empresa de e-commerce— y una narrativa que encaja con la épica que tanto le gusta a la F1. Un chico que soñaba con la F1 desde Pilar y que hoy está a una decisión ejecutiva de volver a subirse al auto. Y si es en Imola, el círculo se cierra con la perfección de una historia que no fue escrita al azar.

“No importa si soñás demasiado y te quedás en la mitad, lo importante es todo el camino que recorriste”, decía el Papa Francisco, cuya voz Colapinto compartió como una suerte de bandera espiritual. Quizás, este 18 de mayo, vuelva a correr en el lugar donde ya supo hacer historia. Y si el destino tiene algo que ver, la bandera a cuadros en Imola podría ser solo el comienzo de un nuevo capítulo celeste y blanco en la F1.

Fuente: Infobae