Así fue la noche intensa, cargada de emociones, del arquero argentino Emiliano Martínez en la revancha ante el PSG. En Villa Park, Aston Villa ganó 3-2, pero no le alcanzó para revertir el 1-3 de la ida. La ilusión terminó en cuartos, pero Dibu volvió a demostrar por qué es bandera.
Concentración, meditación y ese fuego interno
Llegó saludando a la gente, con esa mezcla de calma y energía que lo define. A minutos de salir a la cancha, se tomó un instante para su ritual de siempre: respiración profunda, ojos cerrados y enfoque total. “Vamos, vamos, empujemos pase lo que pase”, arengó, casi como presintiendo que la noche iba a ser una película con todos los géneros posibles.
El error que costó caro
A los 11 minutos, el primer golpe. Un centro cruzado al que llegó exigido, una mano que no logró desviar con fuerza y la pelota que quedó servida para el primero del PSG. Tal vez un malentendido con Pau Torres, tal vez un instante de indecisión. El gesto de Dibu lo dijo todo: bronca contenida, pero enseguida, aplausos y aliento para los suyos. Porque él es eso: error y reacción, caída y respuesta.
La reacción de un líder
Ni un paso atrás. Desde el fondo, Emiliano empezó a empujar a su equipo con gritos, pelotazos largos y una actitud de esas que contagian. En el 1-2 de Nuno Mendes, poco pudo hacer. Pero cuando Aston Villa empató con McGinn y luego pasó al frente con Konsa, Dibu fue pura euforia: saltó, corrió, levantó los brazos y levantó a la tribuna. Creyó, como cree siempre. Y cuando cree él, cree todo el estadio.
Las atajadas que casi fuerzan el milagro
Con la serie 3-3 y la gente rugiendo, Dibu sacó a relucir su versión más brillante:
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Le tapó un mano a mano a Dembélé con una rapidez tremenda.
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Volvió a aparecer achicando ante Hakimi en el primer palo.
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Y cerró la noche con una volada notable ante un remate cruzado de Désiré Doué.
Parecía el prólogo de una noche heroica… pero el milagro no llegó.
Silencio, bronca y ovación
El pitazo final de José María Sánchez cayó como una losa. Dibu se sentó en el área chica, solo, masticando la frustración. Miraba al vacío. Pero entonces, como un bálsamo, el aplauso de la gente de Aston Villa. Una ovación que no necesitaba título ni clasificación. Era reconocimiento puro. A la entrega. A la personalidad. A ser bandera.
Lo que viene
El Aston Villa quedó eliminado, sí, pero dejó una imagen de equipo competitivo y con carácter. Ahora, el nuevo objetivo es meterse en puestos de Champions desde la Premier. Y con un Dibu así, todo es posible.
📸 Entre lágrimas contenidas y puños cerrados, Emiliano Martínez volvió a demostrar que está hecho para estas noches. A veces sale bien. A veces, como ayer, duele. Pero siempre está.
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