Pero quien se cruza con ese hombre de caminar tranquilo difícilmente imagina que está ante Marcos Patronelli, tres veces campeón del Rally Dakar y uno de los nombres más grandes que entregó el deporte argentino en los últimos 20 años.
Patronelli vino a acompañar a Franco Colapinto en el GP de Brasil, pero terminó hablando de lo que nunca se le apaga en el pecho: el Dakar. No lo corre desde 2016, aunque admite que la carrera sigue siendo una presencia permanente, medio fantasma, medio nostalgia.
“El Dakar es parte de mi vida y se extraña”, confiesa. Lo dice sin dramatismo, pero con la honestidad de quien dejó la cima por decisión propia. “Con Ale corrimos siete Dakar. Nos fue muy bien… y un día dijimos ‘basta’. Llegamos a los cuarenta arriba del cuatri y es un deporte de mucho riesgo. No podíamos pedirle más al cuerpo”.
El final de una era… que no terminó por falta de ganas
La explicación más cruda es otra: la carrera que lo consagró dejó de tener el vehículo que lo hizo leyenda.
“El Dakar sacó la categoría cuatri. Y volver en otra categoría no me llama. Nosotros éramos buenos arriba del cuatri. Fue como una separación: ya está”.
Patronelli probó los UTV. No conectó. “No lo puedo llevar. A mí me gusta dominar lo que estoy montando”, explica. Con una simpleza que parece desmentir la épica de sus resultados.
La categoría desapareció por falta de participantes y de equipos oficiales. Para él, fue el final de una historia irrpetible.
El cuatri, su cable a tierra
Aunque ya no compite, no puede desprenderse. En Las Flores, donde vive y trabaja en la empresa familiar, mantiene un circuito casero.
“De vez en cuando me doy una vuelta. Preparo todo, lo dejo a punto… pero duerme bastante”, dice. Es un gesto casi romántico: el campeón que guarda la máquina como quien conserva una foto.
Y al hablar de su vida actual, aparece un orgullo distinto:
“Estoy al cien por ciento con la empresa y con mis hijos. Laburo desde los 15 años. Doce horas por día. Eso también te baja a tierra”.
A eso se suma otro costado casi desconocido: sigue tocando en la banda de rock que tiene con su hermano Alejandro.
¿Por qué los argentinos siguen brillando en el Dakar? Patronelli tiene una teoría
Desde 2018 el Dakar no pisa suelo argentino. Sin embargo, los títulos continúan:
-
Kevin Benavides en 2021 y 2023 (Motos)
-
Nicolás Cavigliasso en 2019 (Cuatris) y 2025 (Challenger)
-
Manuel Andújar en 2021 y 2024 (Cuatris)
Patronelli no duda: el secreto es cultural y geográfico.
“Argentina es un país libre para entrenar. Vas a Estados Unidos o Europa y tenés que meterte en circuitos cerrados. Acá tenés campo, montaña, arena… podés entrenar todos los días. Y eso marca diferencia”.
Habla de Cavigliasso y Valentina Pertegarini con respeto sincero:
“Son profesionales de verdad. Los pibes de Córdoba nacen acelerando. Cuando hay pasión, entrenamiento y ganas, los resultados llegan”.
Pero hay algo más: el legado del Dakar sudamericano.
“Lo que vivimos acá fue único. 2009, 2010, 2012… una locura total. Esa experiencia nos preparó a todos. A mí me cambió la vida”.
Un campeón que recuerda cómo empezó todo: sin navegar, sin experiencia, sin darse cuenta
Patronelli fue el primer argentino en ganar una etapa en su debut, en 2009, cuando no tenía experiencia en navegación. Le peleó el título al legendario Josef Machacek casi sin saberlo.
“Yo sólo quería llegar. No me daba cuenta de nada. Todo se dio natural”, dice entre risas.
Después vendrían los tres títulos: 2010, 2013 y 2016.
Y hoy, visto desde la distancia, lo resume así:
“Hubo esfuerzo, entrenamiento, equipo, familia, suerte… en el Dakar hay que tener suerte. Fue una locura. Si tuviera que hacer lo imposible por correr otra vez, lo haría”.
El final de la historia que no necesita un regreso
Marcos Patronelli no volverá al Dakar. Él mismo lo admite, sin dramatismo y sin nostalgia mal gestionada. Pero la huella está: cinco títulos entre él y Alejandro en apenas ocho ediciones. Una marca que ningún país logró igualar en cuatriciclos.
Los Patronelli no sólo ganaron. Le dieron identidad argentina al Dakar sudamericano. Y aunque hoy el certamen se corre a miles de kilómetros de Las Flores, el eco de aquellos días todavía retumba entre médanos que ya no están.
La leyenda no corre. Pero sigue ahí.
Dejar un comentario