Por lo demás, no es simple analizar un partido con dos condicionantes externos tan fuertes pero sobre todo que fue tan cambiante. El CARP pasó de un buen inicio en el que de hecho tuvo muy buenas posibilidades de ponerse arriba a no poder hacer pie en el Hernando Siles: desde el penal que cobró Valenzuela hasta que ingresó Nacho Fernández al equipo de Demichelis se le hizo injugable el partido.
En ese tramo, concluyó que “es inhumano” jugar en esa plaza, y finalmente, con el decoroso descuento de Beltrán, se arrimó con vergüenza deportiva a la búsqueda de la épica que no fue.
En todo caso, más allá de velocidad pudo faltar cierta inteligencia para domar una pelota que rueda, vuela y pica distinto. Más pases al pie que al espacio. Y no complicarse en la salida por abajo: si ya lo hace por momentos en el llano, tan cerca de las nubes un pase comprometido en la última línea es poco menos que un gol en contra. Así sucedió en el primer tiempo con esa entrega defectuosa de Paulo Díaz para un Palavecino estático y que jugó con la premisa de patear de afuera del área: lo hizo sin demasiada puntería.
A fin de cuentas, es una derrota que a River no debiera generarle demasiadas dudas hacia adelante por el carácter excepcional que tuvo, por la altura, el planteo y el 11 titular que seguramente no se repetirá en el semestre e incluso por el arbitraje. En cualquier caso, tendrá que hacerse fuerte de local y sacar algo de visitante en Perú y en Brasil proyectando su clasificación a octavos. Nada está perdido: en ninguna de las cuatro Copas que levantó arrancó ganando.
Diario Olé
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