Desde este 2 de enero, el “Trapito” se suma al cuerpo técnico de Marcelo Gallardo como entrenador de arqueros, en lo que será su primera experiencia formal tras anunciar su retiro profesional en 2024.
La escena del reencuentro promete impacto emocional. Barovero será presentado al plantel en el River Camp y luego integrará la delegación que viajará a San Martín de los Andes para continuar con la pretemporada. No es un detalle menor: Gallardo lo quiere desde el primer día del año porque su llegada forma parte de un rediseño profundo de la estructura técnica.
Un regreso que suma, no que reemplaza
Desde el club remarcan que la incorporación no desplaza a Alberto “Tato” Montes, histórico formador del arco millonario. Lejos de eso, ambos compartirán la conducción del área específica, un modelo muy utilizado en equipos europeos, en donde la multiplicidad de miradas permite ajustar el rendimiento en una posición donde los detalles son definitivos.
La decisión también llega en un contexto en el que River buscó reforzar cada línea del plantel: ya se sumaron Aníbal Moreno y Fausto Vera para la mitad de la cancha y se analizan movimientos en la delantera. En el arco, la situación es clara: Franco Armani sigue siendo la referencia, con contrato vigente hasta diciembre de 2026, pero la dirigencia quiere una estructura más sólida para contener a Ezequiel Centurión —reincorporado tras su paso por Independiente Rivadavia— y a Jeremías Ledesma, quien podría buscar minutos en otro club. A ellos se suman los juveniles Santiago Beltrán y Franco Jaroszewicz.
El peso de la memoria
Barovero no llega solo con prestigio: llega con historia. Entre 2012 y 2016 defendió el arco en uno de los períodos más exitosos del club, con seis títulos y una colección de imágenes icónicas. La más recordada sigue siendo el penal atajado a Emmanuel Gigliotti en la semifinal de la Copa Sudamericana, un momento que todavía divide en dos el corazón del hincha: antes y después de Trapito.
Su carrera —que incluyó pasos por Rafaela, Huracán, Vélez, Necaxa, Monterrey, Burgos y Banfield— siempre estuvo marcada por el perfil bajo y la eficiencia silenciosa. Precisamente ese sello personal es el que busca Gallardo para una nueva etapa: un referente que no necesite levantar la voz para influir.
Pretemporada, amistosos y una temporada que exige
El plantel inició la preparación en Ezeiza el 20 de diciembre y continuará en la Patagonia antes de viajar a Uruguay, donde disputará dos amistosos: el 11 de enero ante Millonarios de Colombia y el 17 frente a Peñarol, ambos en el Campus de Maldonado.
La integración de Barovero al staff se produce en un momento clave: River encara un 2026 con doble obligación. Competir internacionalmente y revalidar su jerarquía en el fútbol local. Para eso, Gallardo mantiene a su núcleo histórico de colaboradores —Matías Biscay y Hernán Buján— y ahora suma a un exjugador cuyo legado tiene peso propio.
No es un regreso cualquiera. Es la reinstalación de un símbolo en un lugar que conoce, respeta y al que vuelve con una misión: fortalecer el arco en un momento en que el club necesita recobrar su mejor versión. Si algo sabe Barovero es convivir con la presión. Esta vez, lo hará del otro lado de la línea de cal.
Diario Olé
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